lunes, 26 de noviembre de 2007

Déjame que te diga


Déjame que te diga qué siento:

Que esto es una puta mentira

Que no quiero pasar mi vida en

esa ventana esperando a que llegues

Déjame que te diga lo que siento:

No soporto que ya no sea el

número uno para ti

no puedo existir sobresaltado

esperando a que bajes de un

coche con un extraño

No pidas que lo entienda

El amor no eso

Déjame que te diga:

Que me siento tan poca cosa ahora,

y sé que no hay nada que pueda cambiarlo

Jorge Lozano 11/2007

4 comentarios:

Anónimo dijo...

como dice un lema que leí el otro día:"El amor NO es la hostia"

un abrazo

JR dijo...

refleja una realidad, tan frecuente como viva...
frutos del egoísmo y la irreflexión
Abrazos

Anónimo dijo...

viernes 2 de noviembre de 2007
La balada del café triste. CARSON MCCULLER´S
" Ante todo, el amor es una experiencia compartida por dos personas, pero esto no quiere decir que la experiencia sea la misma para las dos personas interesadas. Hay el amante y el amado, pero estos dos proceden de regiones distintas. Muchas veces la persona amada es sólo un estímulo para todo el amor dormido que se ha ido acumulando desde hace tiempo en el corazón del amante. Y de un modo u otro todo amante lo sabe. Siente en su alma que su amor es algo solitario. Conoce una nueva y extraña soledad, y este conocimiento le hace sufrir. Así que el amante apenas puede hacer una cosa: cobijar su amor en su corazón lo mejor posible; debe crearse un mundo interior completamente nuevo, un mundo intenso y extraño, completo en sí mismo. Y hay que añadir que este amante no tiene que ser necesariamente un joven que esté ahorrando para comprar un anillo de boda: este amante puede ser hombre, mujer, niño; en efecto, cualquier criatura humana sobre esta tierra. Pues bien, el amado también puede pertenecer a cualquier categoría. La persona más estrafalaria puede ser un estímulo para el amor. Un hombre puede ser un bisabuelo chocho y seguir amando a una muchacha desconocida que vio una tarde en las calles de Cheehaw dos décadas atrás. Un predicador puede amar a una mujer de la vida. El amado puede ser traicionero, astuto o tener malas costumbres. Sí, y el amante puede verlo tan claramente como los demás, pero sin que ello afecte en absoluto la evolución de su amor. La persona más mediocre puede ser objeto de un amor turbulento, extravagante y hermoso como los lirios venenosos de la ciénaga. Un buen hombre puede ser el estímulo para un amor violento y degradado, y un loco tartamudo puede despertar en el alma de alguien un cariño tierno y sencillo. Por lo tanto, el valor y la calidad del amor están determinados únicamente por el propio amante. Por este motivo, la mayoría de nosotros preferimos amar que ser amados. Casi todo el mundo quiere ser el amante. Y la verdad a secas es que de un modo profundamente secreto, la condición de ser amado es, para muchos, intolerable. El amado teme y odia al amante, y con toda la razón. Pues el amante está tratando continuamente de desnudar al amado. El amante implora cualquier posible relación con el amado, incluso si esta experiencia sólo puede causarle dolor.

Anónimo dijo...

Esa luna que miras está cuajada de las miradas que otros como tú le dirigieron. Tantas miradas a través de los siglos la han llenado de lágrimas. Las que ahora empañan tus ojos son todas las lágrimas que se han llorado a través de los siglos.